La cifra significó una drástica caída respecto de 2019, cuando fueron 12.274 las personas migrantes que consiguieron sus papeles en la región. La disminución también se vio reflejada en las solicitudes del documento a nivel nacional.

Pese a las dificultades para realizar los trámites, tanto por la pandemia como por el proceso en sí mismo, el año pasado fueron 5.891 personas migrantes las que obtuvieron su visa en la región de O’Higgins.

Así lo muestran las estadísticas del Departamento de Extranjería y Migración (DEM), que además revelan que la mayoría de estos documentos no fueron otorgados en la capital regional, sino que en San Fernando, donde se tramitaron 1.639 visados, equivalentes al 27% del total regional. En segundo lugar quedó Rancagua, con 1.015 documentos (17%) y más atrás Santa Cruz (11%) y Chimbarongo (10%).

En cuanto a las nacionalidades, los venezolanos concentraron la mayor cantidad de visas (1.977), seguidos de bolivianos (441), colombianos (373), peruanos (292) y ecuatorianos (123).

Los números reflejan una drástica caída respecto a 2019, cuando se tramitaron 12.274 documentos en la región, también con San Fernando liderando el listado, con 3.595 y Rancagua con 2.767.

Las causas de las bajas

No solo los permisos otorgados disminuyeron. La solicitud de visas también y lo han hecho de manera sostenida. Si en 2018 se pidieron más de 320 mil de estos documentos a nivel nacional, en 2019 fueron 273.990. El año recién pasado, la baja fue de 58%: solo 113.657 visas fueron requeridas.

Para Álvaro Bellolio, jefe del Departamento de Extranjería y Migración, la mengua en las solicitudes tiene más de una razón. En primer lugar, apunta a “la eliminación de la visa por motivos laborales implementada en 2015 y que generó gran parte del turismo laboral de ciudadanos haitianos y venezolanos en el periodo 2016 a 2018”.

Por otro lado, el ingeniero señala que la “fuerte disminución de solicitudes de visa el 2020 se explica no solo por la pandemia y el estadillo social, sino también por las medidas administrativas de las visas consulares a ciudadanos de Haití y Venezuela. Además de la consolidación del concepto de que se debe sincerar las razones para venir a nuestro país, punto clave de la nueva Ley de Migraciones”.

Para el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), aún es temprano para sacar conclusiones. “Los flujos migratorios disminuyeron en toda la región el año pasado, que fue muy excepcional en diversos ámbitos y la migración no está exenta de ello. Lo que si se vio fue la continuación de la tendencia de incremento de ingresos por pasos no habilitados”, afirma Waleska Ureta, directora nacional del SJM. “Habrá que esperar lo que pase este año para seguir evaluando. Será clave no tanto mirar quienes vienen, sino la posibilidad económica que tendrán las personas de renovar sus visas. Ante el desempleo y menor ingresos, será más difícil cumplir los requisitos para renovación y eso podría incrementar la irregularidad interna”, añade.

En esa línea, Ureta sostiene que la población migrante “ya enfrenta problemas para renovar sus visas por temas como falta de trabajo, agudizados por una burocracia que dilata y complica los tramites. En este sentido, estamos muy atentos a la materialización de la nueva Ley de Migraciones, pues esperamos que permita agilizar los procesos, al contar con un Servicio Nacional de Migraciones con más presupuesto”.

Con todo, la psicóloga es cauta al señalar que “será clave la implementación de la política de migraciones, a través de un proceso participativo y que contemple al estado, organizaciones de la sociedad civil, gobiernos locales y a la academia, junto a la evidencia que se ha ido generando estos años”.

Fuente: El Rancagüino

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