Migrantes recorren kilómetrosa pie por el desierto de Atacama y exponen sus vidas. ONGs lamentan que ‘coyotes’ se aprovechen de esta necesidad.

Maletas, bolsos y ropa. Parte del equipaje que los migrantes deben dejar en medio del desierto para poder seguir su camino. Una peligrosa travesía en la que tienen que superar varios obstáculos, poniendo en riesgo sus vidas al ingresar por pasos no habilitados.

Yoseidys Díaz, es una de ellas. Esta venezolana de 25 años, ingresó a Chile hace tres meses por Colchane. En su caso, lo hizo acompañada por su esposo y sus dos hijos de 3 y 7 años de edad.

Lo que más recuerda, comenta, es el frío intenso que sintieron mientras intentaban ingresar al país.

«Para pasar a Chile dormimos tres días en Colchane donde hace mucho frío y con niños es más difícil. Fue un proceso muy fuerte», indicó.

Díaz relata que estuvieron tres días durmiendo en el desierto y que cuando se entereraron que si se autodenunciaban podían llevarlos a un refugio por el covid, decidieron hacerlo.

En Iquique, dice, estuvieron 15 días en un albergue y luego de reunir algo de dinero con la venta de dulces viajaron a Antofagasta, pues el pasaje a Santiago era muy costoso.

Aquí si bien no ha sido fácil, al menos cuentan con un lugar para alojar y su esposo está trabajando en una construcción.

Díaz salió de Venezuela el año 2018, por lo que ha vivido varias veces la experiencia de cruzar por un paso no habilitado. Antes de llegar a Chile, residía en Perú, donde comenta que existe mucha discriminación hacia los venezolanos.

«Todo fue difícil. Cruzar los países, la gente tampoco es tan buena con uno por los venezolanos que han venido a hacer cosas que no deberían. Pagamos justos por pecadores. Se no hizo difícil buscar trabajo, se nos ha hecho muy complicado todo. Tenemos que conformarnos con lo que nos pagan, porque no nos pagan el sueldo como tal por ser extranjeros, entonces hay mucha xenofobia», indicó.

Transporte irregular

La historia de Yoseidys es similar a la vivida por otros extranjeros que buscan ingresar al país en busca de una mejor vida, quienes deben soportar condiciones extremas.

Esta semana, por ejemplo, fue interceptado un furgón en el kilómetro 190 de la ruta 1 Norte, en el cual viajaban 18 ciudadanos venezolanos hacinados al interior del vehículo no habilitado para el transporte de pasajeros.

Este tipo de hallazgos según han informado las autoridades, ha ido en aumento en los últimos meses.

De Venezuela

El jefe de la oficina Antofagasta de la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, Víctor Flores, indicó que si en un principio la migración venezolana eran mayoritariamente de personas con más ingresos y profesionales, con el paso del tiempo y ante la mayor dificultad para el acceso a derechos fundamentales como la alimentación o salud, comienzan a salir personas con menos recursos.

Victor Flores justamente compartió en sus redes la foto principal de esta nota, la cual tomó cerca de Colchane. También tomó una de maletas abandonadas cerca de la desembocadura de El Loa.

Una de las características de la actual migración no es solo económica, según Flores, sino que también de reunificación familiar o también de redes de amigos.

También señala que en Chile teníamos antes de la pandemia, según las estimaciones del Ministerio del Interior, a diciembre del 2019 más de 450 mil venezolanos. Esta cifra ha aumentado sustancialmente.

«Muchos de estos venezolanos que ya estaban residiendo en Chile tenían familia en otros países como Colombia, Ecuador, Perú o en Venezuela y en la medida que en su país de origen o en otros países en los cuales habían migrado han visto agravada sus condiciones de vida en el marco de los efectos económicos del covid, entonces estas personas buscan lugares donde puedan mejorar esta situación y particularmente dónde tienen algún un tipo de red», indicó.

Flores lamentó que ante situaciones como éstas surjan personas que busquen lucrar a propósito de la necesidad de estos migrantes.

«Hemos podido observar no solo en Chile, en otros países que existen personas que facilitan el transporte a través de medios informales de las personas de manera que con eso les permitan ingresar a otros países o desplazarse dentro de los países y lamentablemente en muchas ocasiones se hace eso entregando información que no es correcta. Por lo tanto, con información falsa generan un atractivo a los ofrecimientos que hacen estas personas», indicó.

Por eso, destaca que la OIM está trabajando al igual como los hacen los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil en informar a las personas de tal forma que conozcan lo que implica que las fronteras estén cerradas y realizar estos procesos de migración irregular.

Éxodo violento

La directora del Servicio Jesuita Migrante de Antofagasta, Lizza Aravena, indicó que existe una arista que lo hace diferente a un proceso migratorio normal, relacionado con aquellas personas que quieren venir a Chile a estudiar o iniciar una nueva vida.

«Este ha sido un éxodo violento porque las personas deben salir sí o sí de su país de origen. Porque primero hay escasez de productos básicos como lo son alimentos, medicinas y una persona no puede vivir con dos dólares al mes. Entonces, se han visto forzados a salir», indicó.

Aravena agregó que la ruta que hacen los migrantes venezolanos es muy larga.

«Vienen por Lima, después pasan a Bolivia, bajan a nuestro territorio nacional e ingresan a pie y caminan en promedio más de 30 horas y mucha gente desconoce la realidad del altiplano y se han encontrado con que está nevado. Las temperaturas son extremas en el día y noche, están ingresando mayoritariamente por Colchane porque es uno de los pasos menos complejos de atravesar y resulta que al llegar ahí está saturado, no hay un lugar dónde pernoctar. Y eso quiere decir que estas familias deben enfrentar la noche y el día a la intemperie con niños, mujeres embarazadas, adultos mayores o enfermos», declaró.

«Estas familias deben enfrentar la noche y el día a la intemperie con niños, mujeres embarazadas, adultos mayores o enfermos»

Lizza Aravena, directora SJM Antofagasta

Fuente: El Mercurio de Antofagasta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *