Comenta Waleska Ureta, Directora Nacional del Servicio Jesuita Migrante, llegó hace 11 meses a la organización, dice que el problema está centrado en como Chile ha abordado la migración.

Por Constanza Núñez y Javier Ríos

1.- ¿Cómo definirías la palabra migración?

Para nosotros es algo natural del ser humano, como parte constitutiva de lo que somos. El tema es cuando tú estás forzado a migrar, que es lo que está sucediendo hoy, y tienes que armar un proyecto de vida en otro lugar por estas razones. Es ahí donde nosotros estamos; acompañando. Luchando por una sociedad más inclusiva, donde nos reconozcamos desde la humanidad, reconocernos en dignidad y derechos. La campaña que estamos haciendo en la actualidad tiene que ver con eso, de cómo acoger a otro, como reflexionamos que nos permita la apertura a la persona migrante desde el enriquecimiento mutuo, intercultural y por poder tener la fortuna de compartir. La frontera está en la cabeza y el corazón, más que en la geografía.

2.- ¿Qué crisis les ha tocado vivir estos 11 meses?

Políticas no idóneas, es la consecuencia que he visto en estos 11 meses. La de Colchane marca un hito, era una situación que se venía venir también con la repercusión de la pandemia, lo de Colchane termina haciéndose visible. No se ha abordado bien hace mucho tiempo, las expulsiones colectivas ilegales son un ejemplo, ya que las personas no tenían su debido proceso que es lo fundamental para cualquier persona. No tuvieron derecho a ser analizados de manera individual y eso fue otra crisis importante que nos tocó estar al pie del cañón y nos movilizó a enfrentar de manera directa con abogados y equipos sociales para incidir con respecto a la ilegalidad de esto.

Fueron situaciones bien terribles, este año vimos una cara muy dura del Estado, una política muy dura desde el Estado. Sin entender lo que están viviendo en su país, una política dura, el plan Colchane, se transformó en expulsiones masivas.

Está pensado como una política pública solo desde la Seguridad del Estado, pero debe ser integral, no puede pensarse solo desde un ámbito. Este año hemos estado viviendo la crisis y todos los días vemos personas que llegan en situación precaria, niños, niñas, adolescentes, familias viviendo en la calle.

3.- ¿Cuántas personas se encuentran en situación de migración en nuestro país y en el mundo?

Las personas migrantes que viven en Chile, corresponden al 7,5% de la población del país y eso se traduce en 1.462.103, estimación actualizada a diciembre de 2020, entregada por el Depto. de Extranjería y Migración y el Instituto Nacional de Estadística (INE).

¿Y a nivel mundial? Mira, según datos de la Organización internacional de Migraciones (OIM) a 2020, un total de 280.6 millones de personas estaban en situación de movilidad migratoria a nivel mundial.

El ingreso por paso no habilitado subió muchísimo, a julio llevamos 23.673 personas, y eso es solo gente que se auto denuncia o que se encuentra pasando por pasos no habilitados.  Sin embargo, no hay data de las personas irregulares en Chile, cuando hemos solicitado ese número no lo han dado. Se ha precarizado la migración, y el transito migratorio es más precario.

4.- ¿Por qué se da la discriminación en Chile?

Nuestra identidad nacional se ha ido generando en base a lo blanco, bajo el mito que no hay diversidad y eso se ve en que hemos invisibilizado a los pueblos originarios. Y hoy se concreta en las personas migrantes, en especial cuando tienen un color de piel distinto a lo que estamos acostumbrados.

En un país como el nuestro que es desigual de base, con una crisis sanitaria y económica, provocada en pandemia, ven con temor que, a las personas migrantes, ya que se piensa que nos quitan el trabajo, se hace ese imaginario cuando ya somos un país desigual.

4.- ¿Cómo llegamos a los casos de violencia que hemos visto?

Las políticas poco idóneas para enfrentar la problemática que estamos viviendo en la región, lo que va generando tensión en la convivencia entre la población local y las personas migrantes. Es como una olla a presión. Genera una merma en la cohesión social que exacerba prejuicios.

El enfrentar estas situaciones de manera no adecuada, los gobiernos locales están superados y colapsados, están todos los ingredientes para que la crisis social aumente.

5.- ¿Cómo es el país que sueñan?

Soñamos un país más humano, intercultural, un país que pueda ser más abierto y estamos trabajando para eso, para que sea así y transcienda al SJM. Que sea un país más amable que vea la riqueza de la interculturalidad, que seamos capaces de reconocernos desde la humanidad.

6.- ¿Qué llamado harías a la ciudadanía?

Llamamos a cambiar la mirada. A poder revisarnos, derribar prejuicios, sobre todo con la situación dolorosa y crítica que están viviendo. No es fácil, hay desesperación, necesidad de subsistencia, necesidades básicas, así como tenemos nosotros y nuestras familias. Acoger es algo muy desde la humanidad. Actuar con empatía, solidarizar de verdad de corazón.

7.- ¿Y a las autoridades?

Llamaría a sensibilizarse, a realizar planes y políticas que estén a la altura de los derechos humanos, a la altura de acoger a personas que vienen de situaciones terribles, estamos marcando una cultura país racista, xenófobo y somos mucho mejor de lo que nos han hecho creer. Articular con otros países de la región, debemos hacerlo en comunidad, sino todo se hace cuesta arriba. Esto es comunitario y colectivo.

8.- ¿Qué esperas de la Convención Constituyente?

Garantía de derechos a todas las personas y participación de todos y todas.

Lo fundamental es que el Estado sea garante de derechos sociales, desde ahí en términos generales que la ciudadanía sea protagonista.

9.- A lo largo de estos 11 meses, has conocido miles de historias difíciles de personas migrantes ¿Hay alguna en particular que te haya marcado?

Fue hace poco en Iquique y Colchane, nos fuimos hacer operativo a la playa. Una familia con niñas de 5,6 y 7 años, que les habían ido a lavar el pelo y cuerpo al mar. Cuando llegamos las estaban vistiendo, y fue una sensación de mucha pena verlas con su cara toda quemada, como esa marca que queda después de atravesar pasos fronterizos no habilitados, por la forma en que tenían dañada la piel. Las niñas estaban muertas de frío, ya que tenían la carpa a la orilla de la playa y estaban con mucha hambre, fue muy duro verlos ahí.

Recuerdo otra situación de mucha pena también. Fuimos con el equipo a Colchane, a llevar kit de alimentos, agua, bloqueadores y cuando abrimos la camioneta la gente corrió, y se agolpó porque tenían hambre, mucha hambre y sed, lo básico para vivir.

Fuente: Revista Jesuitas Chile

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