A pesar de que Chile valora positivamente la diversidad, no pone en práctica la inclusión y convivencia con los diferentes grupos. Esta conclusión sacó el estudio ¿De qué hablamos cuando hablamos de diversidad?, realizado por Criteria y Pride Connection en noviembre pasado.

El trabajo fue realizado para obtener una visión sobre lo que opinan los chilenos de la diversidad a través de sus preferencias y relaciones con grupos como los inmigrantes, la comunidad LGBTI+, las mujeres, los pueblos originarios, las personas de diferentes etnias, religiones, entre otros. Para obtener los resultados, la investigación contó con la participación de 840 personas entre 18 y 80 años, de los diferentes estratos socioeconómicos y residentes de la Región Metropolitana y las zonas norte y sur del país.

Lo primero era determinar qué entendían los chilenos por diversidad. Los participantes la definieron con palabras como multiculturalidad, diferencias, igualdad, género y tolerancia. Sin embargo, según el estudio, un 76% cree que en Chile se discrimina a las personas diferentes, cifra que puede entenderse, por ejemplo, al ver que un 72% prefiere relacionarse con personas de características similares a las suyas. Aun así, hay cifras esperanzadoras. Por ejemplo, los menores de 40 son quienes más empujan la inclusión de diversidad.

«Yo creo que hay dos cosas que son súper interesantes. La primera es que la diversidad es algo que la gente valora mucho, lo consideran muy relevante. Pero, al mismo tiempo, desde una perspectiva todavía bastante racional. Es decir, no hay una naturalización de la diversidad como parte natural del país en el que estamos», explica el director de Asuntos Públicos de Criteria Research, Cristián Valdivieso.

No en mi jardín
Para dilucidar comportamientos concretos frente a la diversidad, los encuestados fueron enfrentados a una lista de «grupos» que no le gustaría que fuesen sus vecinos. Aquí, un 37% dijo no querer vivir al lado de alguno. Por ejemplo, un 15% respondió que no le gustaría tener a un inmigrante o trabajador extranjero como vecino. En la misma pregunta, un 13% contestó que no le gustaría vivir al lado de personas homosexuales, mientras que un 12% mencionó a la población transgénero y a contagiados con VIH (11%) como vecinos que preferirían no tener.

Según la directora nacional del Servicio jesuita a Migrantes, Waleska Ureta, el desafío actual es corregir las políticas de inmigración, ya que las considera responsables de la discriminación que viven los migrantes, como lo ocurrido durante el mes de septiembre de 2021 en la ciudad de Iquique, cuando habitantes de la ciudad terminaron quemando las pertenencias de venezolanos que habían cruzado la frontera.

«No consideran los derechos de las personas de la sociedad receptora. O sea, de la comunidad local. Y eso va produciendo tensiones en la convivencia y se va mermando la cohesión social entre las personas extranjeras migrantes y las personas nacionales», explica Ureta.

A pesar de estos roces y confrontaciones entre los chilenos y los migrantes, los participantes del estudio mostraron un avance respecto de la inclusión de estos al consultarles sobre la conformación de sus círculos sociales: un 77% de ellos admitió tener conocidos migrantes y un 47% los tiene como amigos. Lo mismo ocurre con la comunidad LGBTI+. Un 86% manifestó tener a conocidos de diversidades sexuales y un 66% respondió que tiene amigos pertenecientes a este grupo.

Emilio Maldonado, director general de Iguales y Fundador de Pride Connection Chile, opina que estas cifras se relacionan al hecho de que la comunidad LGBTI+ ha ganado visibilidad los últimos años debido la aparición de ciertas demandas y manifestaciones, lo que ha «chocado» con la cultura conservadora chilena. A modo de ejemplo: sólo en la última década se aprobaron iniciativas legislativas como la Ley Zamudio, el Acuerdo de Unión Civil, la Ley de Identidad de Género y la Ley de Matrimonio Igualitario.

Poder diverso
Las empresas privadas, la Convención Constitucional, las universidades y las redes sociales fueron los lugares sugeridos por los participantes del estudio al preguntarles dónde había más diversidad. La Convención tuvo la particularidad de que sus participantes fueron elegidos a través de un sistema de elección paritario y con escaños reservados para los pueblos originarios.

Según Francisco Ulloa Osses, sociólogo e investigador de la Universidad de Chile, además de asesor en la Convención Constitucional, dentro de la Convención ha habido esfuerzos por visibilizar a las diversidades. Como ejemplo de esto están los distintos grupos en torno al órgano que se han levantado: Red Disidente, que levanta proyectos en torno a lo LGBTIQ+, y también el equipo DURAS, que lanzan proyectos de aceptación a las diversidades, como el reconocimiento de familias diversas, la no discriminación y el derecho a la identidad con sus componentes de sexo-género.

Además, agrega como «algo no menor que el vicepresidente del segundo ciclo de la Convención, Gaspar Domínguez, se reconozca abiertamente como parte de las diversidades».

Por otra parte, los lugares donde las personas del estudio consideraron que hay menos diversidad fueron los partidos políticos, la religión católica, la educación escolar y las Fuerzas Armadas.

La directora del Centro de Justicia Educacional UC, Claudia Matus, comenta que la percepción de que la educación no es diversa se debe a la estructura del sistema escolar. Y que, debido a esto, Chile es considerado como uno de los países que más segrega a través de la educación.

«Lo que más se ve en el sistema educativo es una tendencia a la homogeneización y pareciera ser que eso es un valor para el aprendizaje. El mito es que en la medida en que los estudiantes y las estudiantes sean todos más o menos parecidos, o que tengan los mismos orígenes, o compartan los mismos ámbitos sociales, es más fácil enseñar», explica Matus.

Percepciones distintas
Una de las mayores diferencias que hubo entre los hombres y mujeres participantes del estudio tiene que ver con sus actitudes hacia la diversidad. Un 46% de las participantes fueron relacionadas con una actitud positiva hacia la diversidad, mientras que los varones marcaron un 25%.

Según Alejandra Sepúlveda, presidenta ejecutiva de ComunidadMujer, estos resultados pueden atribuirse a la diferente realidad que viven los hombres y las mujeres. «Es posible que las mujeres, dado que hemos experimentado la discriminación, subordinación y subestimación, estemos más proclives a ser menos discriminadoras. Pero eso no es una norma, no va adosado al sexo con el que se nació».

Las diferentes opiniones entre hombres y mujeres continuaron en la sección de Brecha de Género del estudio. Al preguntarles a los participantes ¿quiénes viven mejor en Chile? ¿Los hombres, las mujeres o ambos por igual?, un 28% de los encuestados respondió que los hombres. En comparación, el 53% de las mujeres aseguró que los hombres viven mejor que ellas.

Eso explicaría por qué las mujeres y las generaciones más jóvenes se inclinaron por la candidatura de Gabriel Boric, sostiene Cristián Valdivieso: «Expresaba un espacio de mayor inclusión, de mayor valoración de la diversidad, y donde las distintas realidades y los distintos grupos que habían sido o siguen siendo discriminados se sintieran más incluidos».

Para Gregorio Ruiz-Esquide, country head de MetLife Chile, empresa que encargó el estudio-, una de las conclusiones positivas que dejó el informe es que «las demandas por mayor diversidad están conectadas con requerimientos de mayor igualdad, ya sea a nivel relacional o de trato».

Fuente: La Tercera

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